Adaptación
a la vida en La Tierra:

Tal
diversidad de los mamíferos es fruto de los rápidos procesos evolutivos a los
que se han visto sometidos estos animales en su camino hacia la conquista del
planeta, habiendo demostrado una extraordinaria capacidad de adaptación que les
ha permitido distribuirse por la práctica totalidad de su superficie.
Los
mecanismos desarrollados por cada especie para conseguir adaptarse al medio
evolucionaron de forma independiente. Así, mientras que algunas especies como
el oso polar (Ursus maritimus) se protegieron del frío con una densa capa de
pelo que con el reflejo de luz se ve blanco, otros como los pinnípedos o los
cetáceos lo hicieron produciendo una densa capa de tejido graso bajo la piel.
En
otros casos, especies muy distanciadas filogenéticamente recurren a mecanismos
similares para adaptarse a circunstancias parecidas. El desarrollo de los
pabellones auriculares del fénec (Vulpes zerda) y del elefante africano
(Loxodonta africana) para incrementar la superficie de intercambio calórico y
favorecer la homeostasis es un claro ejemplo.
La
reconquista de las aguas por parte de animales que eran completamente
terrestres es otra de las muestras de la capacidad de adaptación de los
mamíferos. Distintos grupos de la clase han evolucionado de forma totalmente
independiente para retornar al medio acuoso y explotar los nichos marinos y
fluviales.
Por
citar algunos ejemplos que ilustren la variabilidad de los mecanismos
desarrollados para adaptarse a la vida acuática, dos órdenes cuyas especies son
estrictamente acuáticas, Cetacea y Sirenia, las familias de carnívoros
Odobenidae (morsa), Phocidae (Focas) y Otariidae (Osos y leones marinos),
mustélidos como la nutria de mar (Enhydra lutris) y otras especies fluviales,
roedores como el castor (Castor sp.) o la capibara (Hydrochoerus hydrochaeris),
el desmán de los Pirineos (Galemys pyrenaicus), el hipopótamo (Hippopotamus
amphibius), el yapok (Chironectes minimus), el ornitorrinco (Ornithorhynchus
anatinus)...
Junto
con las aves y los extintos pterosaurios, un grupo de mamíferos, los
quirópteros han sido los únicos vertebrados capaces de desplazarse mediante
vuelo activo. No sólo han desarrollado estructuras anatómicas imprescindibles
como las alas. También han sido imprescindibles adaptaciones fisiológicas que
permitan el ahorro energético compensando así el tremendo gasto que supone el
vuelo.
Estos
animales además, teniendo que desenvolverse en la más estricta oscuridad de la
noche y el interior de las cavernas, han evolucionado perfeccionando el sistema
de ecolocalización que les permite percibir con exactitud el mundo que los
rodea.
Topos
y otros zapadores, principalmente roedores, lagomorfos y algunos marsupiales
habitan bajo tierra, algunos pasando enterrados la mayor parte de su vida. Han
conseguido conquistar el interior de la superficie terrestre, pero la
percepción del exterior, el movimiento bajo tierra, las relaciones entre
individuos y los requerimientos nutritivos y respiratorios han sido algunas de
las cuestiones que han tenido que resolver a lo largo de su evolución,
sufriendo durante ella notables transformaciones y especializaciones
imprescindibles.
Y
tal especialización convierte a la vez a estos animales en los más poderosos y
los más frágiles. A lo largo de toda su andadura evolutiva, no han sido pocas
las especies, familias e incluso órdenes enteras las que han desaparecido al
verse modificado el hábitat natural en el que se desenvolvían. Y en este
sentido, en la actualidad, quizá otro mamífero, el Homo sapiens, ha sido el
causante directo o indirecto de la desaparición de muchas otras especies. Así,
la desaparición de terrenos de caza vírgenes está haciendo desaparecer al lince
ibérico (Lynx pardina), el felino más amenazado del planeta, la tala
indiscriminada ha estado a punto de acabar con el panda gigante (Ailuropoda
melanoleuca) o la introducción de especies foráneas como gatos, perros o
zorros, con los gatos marsupiales australianos.
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